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jueves, 15 de marzo de 2012

Como si estuviera allí: Recuerdos


Un nuevo artículo, un nuevo recuerdo, desde mi paraíso...



Hace años escribí este microrrelato: 

Imaginación...
No quiero perder el tiempo y hacer que tú lo pierdas. ¿Recuerdas que hace días te comenté que quería irme lejos? Ha llegado el momento de deshacer la maleta de olvidos y recuerdos, debo conciliar el sueño, abrir el espíritu al fuego de un amor incansable.
Recuerdo que un día me invadió una insondable necesidad de abrazarte y de besarte.
Me acerqué a tu lado. Esperé. ¿Cuándo piensas decirme que me amas? 
La imaginación permite que cualquier tarde a cualquier hora conviertas la sobremesa en una historia de amor.


Hoy quiero hablar de recuerdos, aquellos que guardamos en el cajón de la cocina, junto al cucharón, recuerdos que llevan un nombre, un momento e incluso una canción. Tengo en la caja de galletas el olor a mar y a gofres que se entremezcla, el mismo que siento al llegar a la Plaza de Charco, y también poseo un sabor en un posavasos de una marca conocida de cerveza canaria y que va de habitación en habitación por mi casa, junto al regusto del bocadillo de pata; y un color, el azul, del mar embravecido espumándose en el rompeolas del muelle, camino del faro.

Y siento, también siento, la textura del mar al sacar las gafas de buceo de su caja, al tocar las conchas que cogí mientras surcaba los fondos del norte, al retomar la lectura de los cientos de poemas que escribí mientras allí moré.

Recuerdo es, según la RAE, entre sus cuatro acepciones, un objeto que se conserva para recordar a una persona, una circunstancia, un suceso, etc. . Seguro que si se ponen a buscar en su memoria, o en su casa podrán darle color, sabor y olor a sus recuerdos. Hagan la prueba, ¿a qué huele el primer amor? ¿y una ruptura? ¿a qué sabe la felicidad? ¿qué color tienen sus sueños?

Les dejo con sus recuerdos, y escuchen, escuchen alguna melodía o simplemente el sonido del mar y recuerden, dentro de un mes nos vemos por aquí.
 

miércoles, 29 de febrero de 2012

¿Nos inspiramos?


El otro día recibí una llamada proponiéndome algo. Algo era un enlace con mi paraíso, escribir mensualmente en un blog que ha nacido de la mente de gente emprendedora y creativa, ACEPTÉ, con ilusión y ganas.
La idea era aportar a Inspiranex eso que se nos da bien a cada uno, eso que nos hace disfrutar.
El primer artículo ya nació, bajo el marco de Nexdelmuelle, porque desde el muelle será desde donde les escribiré de mis historias (como si estuviera allí)
Besos salados allá donde vaya...



Amanece
Está amaneciendo. En esta singladura estamos amaneciendo lentamente, llenos de ilusión y de ganas. Para mí, que vivo a miles de kilómetros, se siente de otra forma, pero ya me voy acostumbrando, no es dolor ni tristeza, simplemente siento con querencia, querencia a mi Puerto, a la arena azabache de sus playas, a los atardeceres eternos frente a aquel balcón, al mar, a mi muelle, a la cerveza. Querencia de querer estar allí.
Por eso he subtitulado esta sección, “como si estuviera allí” porque es allí donde me gustaría estar hablándoles de todo un poco.

La primera vez que pisé Tenerife fue un dos de octubre y desde hace años regreso ese día y celebro el reencuentro allí, (curiosamente coincide con el cumpleaños de mi sobrino canario, Izan). Les hablo de  un lugar del que estoy enamorada a pesar del tiempo. Y se preguntarán ¿cómo es posible enamorarse de un lugar? Pues miren, igual que nos enamoramos de alguien, llegas a un café, alguien está en la barra, parece que es físicamente interesante, sientes cosquilleo, miras, remiras, te gusta, te acercas o se acerca, habláis, conectáis, os adaptáis, te sientes con el tiempo como si estuvieras contigo mismo. Eso mismo pasa con los espacios, aterrizas, bajas del avión, un olor diferente entra por tus fosas nasales, te atrae, coges la maleta, la guagua y te diriges al hotel, y al ir llegando, sientes mariposas en el estomago.
Seguro que si rascan en su interior encontrarán algún lugar del que vinieron cautivados, una ciudad en la que se sintieron como en casa.  Eso fue lo que me pasó. Y desde entonces…regreso para sentir de nuevo.
Una amiga chicharrera me dijo una vez: “Tu casa está donde dejas tu sombrero”, o en su defecto, el corazón, digo yo.
Y escribí este corto poema:
Te robé
La máxima
Una noche de otoño
Cuando te dije adiós,
“tu casa está donde
Cuelgas tu sombrero”
Y me fui
Buscando una sombrerería
Para poder comprar
Una casa.

Les propongo algo, cierren los ojos, respiren profundamente, dejen que su imaginación vaya a ese rincón donde son plenamente felices, ¿han llegado? Pues disfruten, yo lo estoy haciendo desde el muelle.
Hasta el próximo mes.