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miércoles, 18 de julio de 2012

Una nueva inspiranex...junto a la Virgen del Carmen


Si tuviera que contar una historia inolvidable hablaría de ti...una inspiranex.
Hasta el próximo instante.



Julio de 2006. Desperté temprano porque siempre me despierto temprano y con el día tan espectacular que hacía no quería perder ni un minuto de sol y de playa. Al muelle que me fui. Había estado viendo el día antes como adornaban el Puerto, todo estaba lleno de guirnaldas, habían llenado de flores la capilla de la Virgen del citado lugar, y la gente se agolpaba paseando, había misa de nueve. En plena calle.
No sabía dónde mirar, ni qué hacer, algo se estaba preparando ese día, aún no sabía lo importante que sería para mí, me habían comentado que ese martes, se celebraba la Fiesta de la Virgen del Carmen, con procesión. Estuve desayunando, cortadito y bocadillo de pata, como mandan los cánones de la buena chicharrera que pretendía llegar a ser.
A eso de las once los amigos aparecieron por el lugar y ya comenzamos a tomar cañitas, de esas deliciosas, el grupo iba en aumento, conocía a cada Dorada a alguien nuevo, y ya en la playa me tiré al mar, estaba sofocada y al mismo tiempo emocionada.
La mañana transcurrió entre cerveza y baño, papitas, y buena conversación con los amigos.
Ya a eso de las cuatro comenzó a sonar música en la explanada del muelle, un grupo tocaba canciones en directo, era espectacular, mi alma estaba completamente perdida, ya no había retorno, me estaba enamorando por minutos de aquel lugar y de sus costumbres.
Fue entonces cuando la gente se congregó en el mismo muelle, la melodía se interrumpió por una voz aguda que venia de un balcón, alguien le estaba cantando a la Virgen del Carmen que se acercaba hacia donde estábamos, Y tras ella San Telmo.
De ahí a la Marina, el barco que la conduce por los mares, que la saca a dar un paseo. Los hermanos que la portaban se turnaron y se alejaron dejándonos allí, pendientes de su regreso.
Nunca olvidaré mi primera fiesta del Carmen, ni la segunda, ni la tercera y última, por ahora. Y es que no veo el momento de volver a emocionarme viéndola aparecer por la calle Santo Domingo.

A la Virgen del Carmen

Un arco iris
Adorna mi muelle.
Chasquidos.
El color va mudándose
A lo largo de las horas.
Son las 6:00.
Flotando llegan
El y ella,
Ella y él.
Se rompe el silencio
Y mi alma.
Me rompo.
Se abre el puerto
Y deja que llegue
La brisa del Carmen.


Volveré…

miércoles, 29 de febrero de 2012

¿Nos inspiramos?


El otro día recibí una llamada proponiéndome algo. Algo era un enlace con mi paraíso, escribir mensualmente en un blog que ha nacido de la mente de gente emprendedora y creativa, ACEPTÉ, con ilusión y ganas.
La idea era aportar a Inspiranex eso que se nos da bien a cada uno, eso que nos hace disfrutar.
El primer artículo ya nació, bajo el marco de Nexdelmuelle, porque desde el muelle será desde donde les escribiré de mis historias (como si estuviera allí)
Besos salados allá donde vaya...



Amanece
Está amaneciendo. En esta singladura estamos amaneciendo lentamente, llenos de ilusión y de ganas. Para mí, que vivo a miles de kilómetros, se siente de otra forma, pero ya me voy acostumbrando, no es dolor ni tristeza, simplemente siento con querencia, querencia a mi Puerto, a la arena azabache de sus playas, a los atardeceres eternos frente a aquel balcón, al mar, a mi muelle, a la cerveza. Querencia de querer estar allí.
Por eso he subtitulado esta sección, “como si estuviera allí” porque es allí donde me gustaría estar hablándoles de todo un poco.

La primera vez que pisé Tenerife fue un dos de octubre y desde hace años regreso ese día y celebro el reencuentro allí, (curiosamente coincide con el cumpleaños de mi sobrino canario, Izan). Les hablo de  un lugar del que estoy enamorada a pesar del tiempo. Y se preguntarán ¿cómo es posible enamorarse de un lugar? Pues miren, igual que nos enamoramos de alguien, llegas a un café, alguien está en la barra, parece que es físicamente interesante, sientes cosquilleo, miras, remiras, te gusta, te acercas o se acerca, habláis, conectáis, os adaptáis, te sientes con el tiempo como si estuvieras contigo mismo. Eso mismo pasa con los espacios, aterrizas, bajas del avión, un olor diferente entra por tus fosas nasales, te atrae, coges la maleta, la guagua y te diriges al hotel, y al ir llegando, sientes mariposas en el estomago.
Seguro que si rascan en su interior encontrarán algún lugar del que vinieron cautivados, una ciudad en la que se sintieron como en casa.  Eso fue lo que me pasó. Y desde entonces…regreso para sentir de nuevo.
Una amiga chicharrera me dijo una vez: “Tu casa está donde dejas tu sombrero”, o en su defecto, el corazón, digo yo.
Y escribí este corto poema:
Te robé
La máxima
Una noche de otoño
Cuando te dije adiós,
“tu casa está donde
Cuelgas tu sombrero”
Y me fui
Buscando una sombrerería
Para poder comprar
Una casa.

Les propongo algo, cierren los ojos, respiren profundamente, dejen que su imaginación vaya a ese rincón donde son plenamente felices, ¿han llegado? Pues disfruten, yo lo estoy haciendo desde el muelle.
Hasta el próximo mes.